Septiembre supone volver a los horarios, al colegio, al trabajo y a muchas de las actividades que dejamos un poco de lado durante el verano.
También vuelven las horas frente al ordenador, la lectura, los deberes, la conducción diaria y, en general, una mayor exigencia visual.
Por eso, la vuelta a la rutina puede ser un buen momento para prestar atención a algo que a veces dejamos en segundo plano: cómo estamos viendo y cómo se comporta nuestra visión a lo largo del día.

Después del verano, nuestra vista también vuelve a la rutina
Durante las vacaciones cambian nuestros hábitos. Pasamos más tiempo al aire libre, modificamos horarios y, en muchos casos, reducimos las horas de trabajo de cerca.
En septiembre ocurre lo contrario.
Volvemos a mirar durante horas una pantalla, a alternar continuamente la visión de cerca y de lejos y a realizar tareas que requieren concentración visual durante periodos prolongados.
Es entonces cuando pueden hacerse más evidentes algunas pequeñas dificultades que durante el verano habían pasado desapercibidas.
Algunas señales a las que conviene prestar atención
No siempre tenemos que ver claramente borroso para notar que algo ha cambiado.
Podemos experimentar cansancio visual al final del día, dificultad para mantener el enfoque, necesidad de alejarnos el móvil o un texto para verlo mejor, dolores de cabeza relacionados con determinadas tareas o sensación de que necesitamos realizar un esfuerzo mayor para ver cómodamente.
También podemos notar que una graduación que hasta hace poco parecía adecuada ya no proporciona la misma comodidad.

En los niños conviene observar especialmente su comportamiento. Acercarse demasiado a los libros o a las pantallas, entrecerrar los ojos para mirar de lejos, aproximarse a la televisión o comentar que no ven bien la pizarra son señales que merece la pena tener en cuenta.
Pantallas: más importante que nunca cuidar nuestros hábitos

Ordenadores, teléfonos móviles y tabletas forman parte de nuestra vida cotidiana y, con la vuelta al trabajo y al colegio, generalmente aumenta el tiempo que pasamos utilizándolos.
Esto no significa que las pantallas sean necesariamente responsables de todos nuestros problemas visuales, pero sí pueden contribuir a que aparezcan molestias cuando mantenemos durante mucho tiempo la visión de cerca.
Realizar pequeñas pausas, cambiar periódicamente la distancia de enfoque, parpadear con normalidad y disponer de una iluminación adecuada puede ayudarnos a trabajar con mayor comodidad.
Y, siempre que sea posible, especialmente en el caso de los niños, pasar tiempo al aire libre sigue siendo un hábito muy recomendable.
¿Y si llevo gafas y veo bien?
Ver bien con nuestras gafas no significa necesariamente que debamos olvidarnos de nuestra visión hasta que aparezca un problema evidente.
Las necesidades visuales pueden cambiar con el tiempo y también lo hacen nuestros hábitos.
Un cambio de trabajo, más horas delante del ordenador, nuevas actividades o simplemente el paso de los años pueden hacer que necesitemos valorar de nuevo nuestra graduación o la solución óptica que utilizamos.
Además, unas gafas no son solamente unas lentes con una determinada graduación. Su centrado, ajuste y adaptación a la persona también influyen en la comodidad visual.
Septiembre, un buen momento para prestar atención a tu visión
No se trata de acudir a revisar nuestra vista simplemente porque haya terminado el verano.
Se trata de aprovechar la vuelta a nuestros hábitos habituales para observar cómo vemos realmente cuando volvemos a exigirle más a nuestra visión.
Si notas cambios, molestias o simplemente tienes dudas sobre si tu graduación continúa siendo adecuada, podemos ayudarte a valorarlo.
En Óptica Vistahermosa creemos que cuidar la visión no consiste únicamente en ver las letras más pequeñas. También significa entender las necesidades visuales de cada persona y encontrar la solución más adecuada para su día a día.
Porque volver a la rutina también puede ser un buen momento para cuidar cómo ves.